viernes, 12 de abril de 2013

Blablablablear

Había una vez un reino junto al mar donde gobernada un señor cuyo ejército le obedecía al amparo de un  estandarte con dos letras pintadas: PP. Frente a él había otro ejercito, agazapadito, y que - de vez en cuando, pero muy de vez en cuando - agitaba la bandera de las 4 letras: PSOE…Bueno para que nos vamos a engañar, ya saben que me refiero al Señor Torró (Alcalde del PP) y al señor Orengo (Ex alcalde del PSOE). Así que se acabaron las tonterías con absurdas aspiraciones literarias, solo pretendía hacer más amable la historia pero les recuerdo que hay cuentos que no siempre acaban bien. Y este tiene esa pinta.
Lo que en nuestra política local pasa, no nos engañemos, es habitual en muchos otros pueblos y ciudades de este descreído, políticamente hablando, país: Dos políticos pequeñitos con ínfulas de estadista que creen que por mucho salir en televisión el mundo les escucha, les cree y les rinde pleitesía digan las tonterías que digan, y son muchas las que dicen.
 Y estaría bien reírnos de ello - la risa siempre es buena - pero lo que realmente ocurre es que su promoción personal corre a costa del tiempo que nuestros votos les han dado y  no deja de ser un ardid para vendernos que cuanto más salen ellos en los medios, mas se beneficia la ciudad entera. Y a las pruebas empíricas me remito para refutar soberana gilipollez.
Tienen otra insana costumbre nuestros políticos: la de hacer de las anécdotas categorías e ir de nimiedad en nimiedad hasta el cochambroso descredito final.
Guerras pequeñas, batallas absurdas que nada aportan más que un ensalzamiento del “y tu más” que, a su vez, genera un hastío al ciudadano que lo único que quiere oír es un “¿Y ahora qué?” y cuya respuesta dichos políticos son incapaces de dar.
¿No se lo creen estimados prohombres de la ciudad? Muy bien, pues bajen a la calle, pisen los bares, compren en los mercados y, sobre todo, hagan las preguntas correctas y escuchen las respuestas para obrar en consecuencia. Y, repitiéndome, ¿tienen ustedes algo que aportar a esas necesidades? No, porque ustedes se han convertido más en el problema que en la solución (NOTA: Si algún político está leyendo esto le dejo unos momentos para que las palabras “demagogia” e “ignorancia” resuenen en su cerebro, mientras tanto yo aprovecharé para decirles que esas son las únicas protecciones que ustedes saben adoptar cuando la realidad les lanza verdades a los ojos).
Supongo que se habrán dado cuenta que fuera de las sedes de sus partidos la gente tiene problemas que requieren solución. Que se pongan a solucionarlos es lo que nos importa pero supongo que les faltan ideas aplicables mas allá de un ciclo electoral no vaya a ser que el tanto se lo apunte otro.
Les doy la oportunidad, y con razón, de que me digan que resuelven problemas. Correcto, pero los problemas que resuelven son pequeños. Atrévanse con los grandes problemas. Es fácil asfaltar una calle, es fácil crear una asociación taurina, es fácil cambiar hasta dos veces las rutas del bus…pero, como pueden comprobar, es imposible atajar el problema del paro, la falta de trabajo y la decadencia de la playa. Como lo es para la oposición aportar algo realmente constructivo refugiados en el bunker de “la mayoría absoluta” que no deja de ser la traducción política del “el profe me tiene manía” tan socorrido en la escuela.
¿Quieren ideas? Próximamente se las doy yo. No se preocupe, como tampoco me preocupo yo por si son descabelladas o no porque al final me dirán eso de demagogo e ignorante. Y asumiré que soy demagogo e ignorante, pero al menos soy práctico.
 Twitter: @diego_llergo

viernes, 5 de abril de 2013

Turismo: Te alabamos

Cuando se hace bandera de causas grandilocuentes y fuera de tu control puede pasar, y habitualmente pasa, que la realidad proporciona argumentos más que suficientes para que tengas que estar callado, de momento, dos años.
Sí, hablo de “Ahora empleo”. Ya saben el primer eslogan del PP para las municipales, su bandera, su razón de ser y, que con el mero hecho de depositar una “pepeleta” con sus siglas en la urna correspondiente el paro se esfumaría como por arte de magia.
Si a esto añadimos que en la Comunidad Valenciana también mandan los mismos desde hace muchos millones de deuda (nueva unidad de medida de tiempo en política) y que en España mandan los mismos, Gandia iba a ser lo más parecido al edén bíblico y, por el contrario, se ha convertido en lo más parecido a la casa de Berlusconi.
Pero la realidad, otra vez esa desagradecida, con sus cifras del paro – las cifras son cifras y no son susceptibles de interpretar – muestra a las claras el fracaso de Gandia como destino turístico y el error estratégico de hacer de este sector la única locomotora económica sin atender a los demás sectores. Quizá por qué es el único que queda en manos de los políticos locales no pudiendo ellos hacer cambios en legislación laboral, comercial o de créditos bancarios por mucho poder que crean que tienen.
Cuando uno lo apuesta todo a una carta y esa carta es baja -  lo que implica un producto caduco y un modelo turístico de los años 60 mantenido tanto por el partido de la rosa como por el de la gaviota - pasa lo que pasa: nulo empleo generado a su sombra (véanse datos de marzo 2012), menos dinero para gastar en comercio, comercios que cierran, más gente desempleada y el circulo que da vueltas y vueltas sin nadie que le dé un tajo por mucho que la señora Penalba se empeñe en decir que todo entra dentro de lo previsto para el planecito de empleito ese de aficionados que llevan entre manos.
En resumidas cuentas: que haciendo del turismo  la única apuesta económica de la ciudad y presentando la imagen que se presenta ¿Qué podemos esperar del futuro? Exacto: Nada.
Afortunadamente pude asistir a FITUR de este año y ver la presentación del nuevo modelo turístico para la playa de este año. ¿He dicho nuevo? Nada, no me hagan caso, es el mismo que el año pasado, y el anterior y el anterior….ya saben: playa maravillosa y familiar. Como los chicos de Gandia Shore saben perfectamente. Y vendiendo el viejo producto a consumidores que quieren algo nuevo nos va como nos va y, lo peor, nos irá como nos irá.