martes, 26 de marzo de 2013

Decisiones Comerciales

Mi limitada imaginación me lleva a una sala del Ayuntamiento, despacho o donde sea que se celebren este tipo de reuniones decisorias. El Sujeto A – A de Alcalde – propone una idea feliz: Hay que salvar a la ciudad, y al mundo, con alguna idea brillante de esas que los políticos locales tenemos continuamente .
El Sujeto B – B de Barber – asiente sin más preguntas, sea cual sea la idea seguro que es buena. Faltaría más.
El Sujeto C – C de Concejal anónimo – también asienten y, tanto B como C, que ya han dado su aprobación a sea lo que sea que sale de allí, dedican su tiempo a buscar alguna forma de publicitar cualquier cosas que hayan hecho ese día. Ya saben a qué dedicarán sus próximos minutos: a contar en Facebook y Twitter que,  gracias a la gestión del gobierno, que personaliza el Sujeto A, se han podido tomar un “tallat” antes del trabajo, durante y más durante del mismo. Eso sí que es algo que nos gusta saber a los ciudadanos.
En ese momento entra alguien en la sala, el Sujeto D, con tres cafés en la mano - de esos asquerosos de máquina, -los deja encima de la mesa y se dispone a irse cuando el Sujeto A dice: El comercio será el motor de la actividad económica de la ciudad hasta el fin de los tiempo.
Sujeto D enarca las cejas y Sujeto A, muy observador, le pregunta
-          ¿No te parece bien?
Sujeto  D ahora se encoje de hombros y responde con sabiduría.
-          Pues depende de lo que quiera hacer.
-          Potenciar el Centro Histórico, potenciar todas las áreas comerciales de la ciudad y si tenemos que crear alguna más, pues la creamos.
-          Pssss
Sujeto A se queda algo perplejo ante la posibilidad de que alguien dude, aunque sea mínimamente de sus magnificas y no siempre bien entendidas ideas – todavía anda buscando culpables del fracaso del espectáculo estival que todo el mundo le decía que sería una ruina y lo fue.
-          ¿Qué quieres decir con Psss?
-          Pues que Gandía es una ciudad que de punta a punta no hay más de 20 minutos andando y todos sabemos dónde está el Centro Histórico, aunque cada día esté más vacio. También sabemos donde están las tiendas alrededor de nuestro barrio o de los barrios del alrededor.
Sujeto A mira a B y C cuyos dedos les tiemblan ante la ausencia de un teclado donde poder hacer participes a los ciudadanos de la calidad del café anteriormente mencionada y, ahora ya pueden volver a contarles que se han tomado otro gracias a los impuestos bien gestionados del Sujeto B. Ni B ni C dicen nada, como es habitual y es A quien sigue con la mandanga.
-          Pero si pongo actividades lúdicas, tapas, cañas, cumbias colombianas en directo y los grandes éxitos de Bertín Osborne por megafonía, ¿no vendrías?
-          Mire, olvida una cosa que es la base del comercio: cuando alguien compra algo tiene, cosas del capitalismo, que pagarlo. Para pagarlo tiene que tener ingresos en casa y expectativas de mantenerlos. Eso, a día de hoy no es así.
Puesto en evidencia con argumentos tan sencillos e indiscutibles – Tanto Sujeto A como D saben perfectamente las tasas de paro existente y que el futuro pinta más negro que los hilillos de Rajoy – A decide cambiar a otro argumento justo en el momento que D ya salía por la puerta. Son las cosas que tienen querer tener siempre la última palabra.
-          Pero cuando vengan los turistas
Sujeto D suspira, se da la vuelta y sigue razonando con la sencillez que da el sentido común.
-          ¿De donde son los turistas que, mayoritiamente, viene a la ciudad?
-          De Madrid.
-          Bien, señor A. Y ¿Cuándo abandonan la comodidad de sus apartamentos para venir de compras a Gandia?
-          Esto, pues…
-          Y en Madrid ¿Dónde compran?
-          Pues esto, es que…
-          Compran en centros comerciales. Y si tienen que coger el coche para venir a Gandia y aparcar allá donde sea que encuentre aparcamiento, andar y comprar en tiendas que no ofrecen productos ni distintos ni más baratos que en el Centro Comercial…¿Dónde irán?
Sujeto A calló - comerse dos veces las ideas ya era más que suficiente por hoy - y dejó que D se marchara con su lógica y sentido común por donde había venido.  A sacó de sus ensoñaciones mediáticas a B y C y les dijo.
-          Hagamos una pegatina.
-          ¿Una pegatina?
-          Sí una pegatina y convocad a los medios para contar que, gracias a esta pegatina, salvamos a la ciudad del caos y la mediocridad.
-          Una idea magnífica – dijo B.
-          Es cierto, magistral, propia de usted – confirmó C
Mientras tanto el Sujeto D bajó las escaleras, sacó un caramelo de menta de su bolsillo, se lo metió en la boca, echó un vistazo al parque y chasqueando la lengua susurró.
-          A la mierda, esto se va a la mierda

jueves, 21 de marzo de 2013

Desde La Meseta

¿Se acuerdan de nuestros despectivos comentarios sobre los turistas en general y los madrileños en particular? Sí, eso de las tres pes: Playa, paseo y pipas. Pues bien, cada vez hay menos playa, menos pipas y menos paseos.
No pretendo utilizar estas líneas para decirle a nadie como tiene que hacer una campaña turística en condiciones dirigida a aquellos que antaño paseaban comiendo pipas o tomaban el sol pelando tan adictivo y humilde producto vuelvan en la cantidad y calidad que antes recalaban en nuestras doradas arenas. En Madrid ya nos conocen y hacer publicidad donde te conocen es tirar el dinero.
Y no será por falta de ganas– ya saben que todos opinamos y somos los que más sabemos siempre de todo aunque sea la primera vez que oímos hablar de ello. Ejemplo: sobre la ciclogénesis explosiva –, no lo voy a hacer porque, desde mi modesto y, por supuesto, certero punto de vista, es causa perdida. No van a volver. Admitámoslo y pasemos a buscar otro modelo turístico.
Pero tampoco vayamos a caer en la tentación de pensar que en Madrid alguna vez se ha visto Gandía como un conjunto de maravillosas playas, magnífica gente, gloriosa gastronomía, oferta cultura variada, naturaleza a tiro de piedra y fiestas de interés nacional. No, jamás se nos ha visto de esta forma.
Gandía ha sido siempre un lugar de veraneo y lo que a la gente le importaba era que, al llegar agosto, tuvieran un lugar donde tender su toalla, clavar su sombrilla y abrir su tupper de lomo con tomate de la forma más tranquila posible para que sus hijos pudieran comer y esperar dos horas de digestión antes de poder bañarse.
Eso lo veía yo cuando mis reales posaderas habitaban en Gandía, no hacía falta ser un fino observador para darse cuenta de que jamás hubo aglomeraciones para visitar el Palacio Ducal, ni la fideuà venía con la coletilla “de Gandía”, que en verano las tiendas de la ciudad – Gandía pueblo en su especial forma de llamar las cosas – no estaban atestadas de turistas, o que dar un paseo por la marjal, por el Castillo de Bayren o por la antigua vía del tren Gandía-Alcoy no implicaba tener que dar dando codazos para apartar a la gente. Todo el mundo estaba en la playa.
En cuanto a la participación en las fiestas, tan renombradas ellas como las Fallas o la Semana Santa, pues no nos engañemos: si había puente en San José se veía algún turista que otro pero como los caprichos del calendario no lo quisieran así, éramos los habitantes de la Ciudad Ducal los que llenábamos las calles.
En Semana Santa es cierto que turistas que llevan mucho tiempo siendo jóvenes – personas con más de 60 años para quien no capte la ironía general del artículo – se acercan en masa a las procesiones pero, también es cierto que personas con números menores de 5 en las decenas acuden en masa a otros lugares donde te cobrar 6 euros por un cubata dejando la afluencia a las procesiones para otros con mayor disposición de espíritu.
Pues bien, si era eso lo que pensábamos, tras mi migración a Madrid por motivos de trabajo, o por falta del mismo, el mito no solo se cae si no que se desploma de forma contundente. Ni les interesa, ni ha interesado nunca, la cultura, la naturaleza, las gastronomía o cualquier otra cosa que pudiéramos creer. Su único interés es alejarse un mes de Madrid, o quince días, o una semana como es moda necesaria últimamente.
¿Les sorprende? A mi sí que me sorprendía pero puestos en su piel, o en la nuestra cuando nos desplazamos con el propósito de pasar unos días en Punta Cana o Cancún: ¿ A cuántos les interesa la cultura o gastronomía de la zona? Bien, puedo conceder que la primera vez irán a ver las Pirámides Mayas o cualquier otro vestigio hispano en la zona. Pero en el hipotético caso de que volviera: ¿Volvería a visitarlas o se tumbarían al sol con una pulsera de todo incluido en la muñeca y, ya podría arder el mundo, que hasta que no se acaben las vacaciones ustedes no van a mover un dedo a no ser que sea para pedir otro delicioso combinado caribeño?
Y otra pregunta aún más comprometida: ¿Cuántos de ustedes han visitado el Palacio Ducal o el museo arqueológico, también llamado MAGA?
Y ahora, ¿Cómo nos ven ahora? Los niños de las familias que iban hacen unos años han crecido y por Gandía se acerca lo justo, aunque ahora algo más porque es más económico encerrarse en el apartamento de los papis que pagar uno en Huelva, Málaga o Cádiz.
Gandía es visto ahora como un lugar de fiesta donde saciar los deseos más alcohólicos a precios razonables y con una permisividad más que patente. Discotecas y pubs que cierran cuando les viene en gana, precios de alquiler de apartamentos para fin de semana a precios asequibles que sirven de habitáculo y vomitorio o, pernocta en hoteles que cada vez hacen ofertas más agresivas son el reclamo que hacen que muchos fines de semana las despedidas de soltero o las escapadas para beber, sean la botella nuestra de cada día.
Y, aún así, Gandía como destino  está perdiendo fuerza en aras – no tengo ni idea de lo que significa aras pero lo he visto escrito en artículos de gente que sabe escribir y ellos sí sabrán lo que dicen – de otros destinos como Benidorm, Benidorm o Benidorm.
Me junto con gente de Madrid para diversas actividades – me he sentido muy bien acogido aquí y soy un ser sociable que se relaciona con otros seres de la misma especie – y cada vez que sale en la conversación Gandía, invariablemente le asocian otra palabra: “Shore”. Ya saben el programa ese en que jóvenes cultos e intelectuales tienen que aplacar sus picores restregándose con otro jóvenes cultos e intelectuales y, antes o después, tener interesantes charlas filosóficas en torno a la barra de una discoteca apoyando sus argumentos en litros y litros de ron, cola, tabaco y algunas otras sustancias que no aparecen en la pantalla pero que, a tenor de los argumentos esgrimidos por estos intelectuales, no cabe duda que habrán ingerido.
Pues bien, la gente con la que me relaciono, me preguntar si ese desfase – desfase es la palabra que se usa ahora – es habitual. Les digo que no, que incluso hay gente que trabaja y tiene aspiraciones vitales de más alto calado pero, claro está, el producto está vendido y mientras mis amigos quieren ir a otros lugares turísticos con algo más que ofrecer, la juventud de aquí quiere ir allí donde, según lo visto en televisión, las probabilidades de establecer relaciones venéreas de aquí-te-pillo-aquí-te-mato son mayores y luego no tener que pasar por el angustioso trance de compartir desayuno a la mañana siguiente.
En los tres años que llevo aquí sólo una persona he conocido que se haya sentido interesada por los Borgia y su Palacio, por la Colegiata y….poco más. Lo cual es un triste bagaje para aquellos que, viviendo como hemos vivido en Gandía, pensábamos que éramos el centro del mundo.
Aún así sigo promocionando en la medida de lo posible la ciudad pero, reconozcámoslo, pocos argumentos nuevos me dan y los  viejos los hay en otros lugares más exóticos y a precios más asequibles.
Twitter: @diego_llergo

miércoles, 20 de marzo de 2013

El desayuno del Señor Q


Artículo publicado, bajo su responsabilidad y falta de criterio, en el LLibret de la Falla Raval de Gandia en el año 2013

El día en que Q se despertó y dudó si gastarse dos euros en desayunar supo que, ahora sí, la crisis le había alcanzado. Y eso que había corrido, pero había corrido sin dirección para estar en sintonía con la desorientación de todo el mundo en estos años. ¿He dicho desorientación? Vaya, envejezco por momentos pues quería decir incompetencia.
Q no sabía que un señor muy listo, listísimo, decidió sacarle dinero a sus conciudadanos pensando que eran tontos resultando que eran tontísimos o, al menos, inocentes, y se dejaron engañar por unas hipotecas llamadas sub-prime, que se concedía a gente sin medios suficientes para comprar y mantener una casa. Pero los que manejan la pasta no eran tontos, no, y albergaban la esperanza de que estas personas no pudieran pagar dicha hipoteca, pudieran embargar la casa y volverla a vender pues el precio de los inmuebles subía, subía y subía hasta el infinito y más allá.
Esas hipotecas, por si había algún listo que se diera cuenta del engaño, se juntaron en paquetes de muchas hipotecas y se vendieron a otros bancos y compañías aseguradoras que no es que fueran tontas, es que eran avariciosas. Bancos de todo el mundo compraron dichos paquetitos que eran como los frutos secos variados; incluso había pasas, que nadie las quiere, pero se las comían igual.
Y un día pasó lo que tenía que pasar: las casas no subieron, hubo mucha gente que no podía pagar, los bancos palmaron pasta y los seguros, no tan seguros, se fueron al mismísimo carajo. Cerraron grandes bancos y grandes compañías aseguradoras.
Todo esto pasó en Estados Unidos y durante meses los bancos españoles y europeos dijeron que aquello quedaba muy lejos, que ellos no hacia esas cosas y, sobre todo, que no habían comprado paquetitos de esos porque tenían mucho riesgo. Pues era casi cierto pues el impacto en los bancos españoles no fue demasiado grande pero, y de esto sabemos mucho aquí y desde hace mucho tiempo, el asunto de la avaricia sí que caló. Vaya que sí caló.
Nuestras Cajas de Ahorros tomaron nota, y los bancos en menor medida, y decidieron lanzarse en desbocada carrera a canjear ladrillos por euritos, dando igual donde se pusieran estos ladrillitos: en edificios, adosados, palacios de congresos o ciudades de artes y ciencias.
Pero – la avaricia también la puedes dejar cuando quieras, aunque siempre lo aplazas – cuando se iba  a pedir una hipoteca, y escuchando el director el tintinear de los euritos en la cesta de los intereses, se le decía a los clientes que, ya que estaban allí, y que la buena marcha de la economía llena de gozo nuestros bolsillos, pues que pidiéramos más dinero para un coche, o para un viaje, o para amueblar la casa. O porque no para todo a la vez. Que la vida es tan predecible que todo seguirá igual por los siglos de los siglos.
Y millones de personas picaron, y millones de personas pidieron más dinero del que podían asumir incluso teniendo trabajo, pero no pasaba nada pues todos los salarios iban a subir tanto que no cabrían los ceros en las cuentas corrientes de los bancos.
Los promotores inmobiliarios también se sumaron a la fiesta y empezaron comprando terrenos asumiendo un cierto riesgo para luego trasferir dicho riesgo a las cajas, algo que ellas asumieron con gusto porque, como ya sabemos, nada podía fallar. El mundo era de color marrón ladrillo.
Y total, en el improbable caso en que el señor Q se quedara sin trabajo ¿no estaban los gobiernos autonómicos, ayuntamientos y el gobierno de la nación haciendo maravillosas obras inútiles emitiendo deuda pública a intereses muy bajos? Esto no podía fallar: casa, coche, muebles y viaje. Al señor Q sólo le faltaba alguien con quien vivir en esa casa  con esos preciosos muebles, ir en coche a restaurantes de lujo y  llevarla a la Sheychelles un mes entero. Pues, y no se asusten los bien pensantes lectores, también se puede comprar una novia pero esos préstamos los dan señores rusos, mal encarados y con cierta tendencia a la usura y a finalizar el préstamo de forma expeditiva con dos tiros en la cabeza.
El caso es que muchos aceptaban esos préstamos personales. A los políticos les dábamos palmaditas en la espalda, les hacíamos reverencias a punto de costarnos una hernia cuando hacían obras utilísimas y necesarias – absurdas para quien no se haya dado cuenta de la ironía – los medios de comunicación llamaban “grande” al político de turno y todos felices y contentos sin tener en cuenta que el dinero del préstamo lo teníamos que pagar mes a mes de nuestro bolsillos y las malditas obras faraónicas año a año de nuestros impuestos. Y esto, esto si fue culpa nuestra.
Y de repente un día, de forma incomprensible en un mundo tan perfecto, alguien dejó de pagar a sus trabajadores – Q entre ellos -, y el préstamo del banco pero, eso sí, siguió disfrutando de su coche porque todo estaba puesto a nombre de sus hijos o de su mujer.
La entidad financiera  tuvo que comerse el préstamo del señor - por decir algo – constructor. Los trabajadores aprendieron donde estaba la oficina  del paro, que duró y duró y no pudieron hacer frente a sus hipotecas (engordadas o no). El banco se tuvo que quedar con esos pisos que, también de forma incomprensible, habían perdido valor respecto a una más que sospechosamente inflada tasación. Y esos pisos, en el improbable caso de venderlos, harían perder dinero a tan humanitarias organizaciones. El marrón ladrillo se tornó marrón mierda.
Así que ya tenemos empresarios – ahora llamados emprendedores – perdiendo dinero, bancos con pisos sin vender o bajando su valor, y trabajadores (Q) parados porque, ya no hay obras de Calatrava en las que trabajar. Y cuando muchos empresarios pierden dinero, muchos trabajadores se van a la calle. Y cuando muchos trabajadores se van a la calle mucha gente no compra cosas que otros empresarios producen. Y cuando muchos empresarios no venden, más gente se va a la calle. Y esa gente no puede hacer frente a sus hipotecas, y los pisos se los queda el banco, y esos pisos han perdido valor, y el agujero de los bancos se hace más y más grande. Y ese agujero hace que no se les pueda dar dinero a las empresas para que sigan invirtiendo en su negocio habitual porque ahora, de repente, los bancos descubren eso llamado riesgo y las empresas no pueden seguir con su actividad normal o crearse nuevas. ¿Hace falta que siga o ya saben cómo acaba esto?
¿Y los organismos públicos? Muy bien, son ustedes unos buenos alumnos. En realidad también se habrán dado cuenta que las cosas no les han ido bien del todo al ver que la educación de sus hijos no es lo que era, que la sanidad tampoco lo es y, además, es un poquito más cara, que las obras faraónicas se han parado y, que para variar, tampoco pagan a proveedores. Pues los organismos se han dado cuenta  de que intereses bajos no quiere decir que no haya que pagar la deuda, y que para pagarla hay que pedir una nueva deuda – lo que se llama refinanciar – y que ahora los intereses no son tan bajos como antes y nos cuesta una barbaridad obtener dinero para una deuda anterior. Diabólico, ¿verdad?
¿Por qué nos cuesta más? Muy sencillo, cada vez se confía menos en que se pueda pagar dicha deuda y esa confianza para los inversores se llama interés. ¿Tú quieres que te preste dinero ahora que hay riesgo de que no me pagues? Perfecto, págame más intereses para convencerme. ¿Qué me pagas el 3% con el paro que tienes y tus autonomías incapaces de pagar salarios a sus funcionarios? No cuela lo siento, págame más. ¿4% con el consumo de tus ciudadanos cayendo en picado y recaudando cada vez menos? Ah, sí me pagas el 5% o el 6% y subes los impuestos si que te compro deuda y sobre todo a ti, España, que nunca he dudado de que pagarás y únicamente quería que me dieras mas intereses. ¿Qué te he engañado? Sí, pero tú te has dejado engañar chavala, que esto es un juego y he sido más listo que tu querido Gobierno de un país soberano. Yo, especulador, soy el puto amo. ¿Capisci?
Y aquí llegamos a un punto interesante: que hacer para salir de círculo vicioso, pero un vicio que no tiene nada de placentero. Sencillamente lo que siempre se ha hecho y hacen al otro lado del Atlántico, que para quien no lo sepa es Estados Unidos: Incentivar la economía.
Pero, al parecer, esa receta antigua y práctica no es del gusto de los políticos europeos. Ummm, ¿ Europa? ¿Qué tienen que ver con España? Pues mucho como imaginaran ustedes si leen las noticias. Europa marca el ritmo de nuestros recortes desde el asuntillo ese del rescate bancario. Sí, rescate a esas entidades humanitarias llamadas bancos y cajas que prestaban dinero de forma tan altruista ahora se les rescata y todos debemos aplaudir porque eso va en interés del estado y nadie habla de los accionistas que, felices y contentos con ese rescate ven que el precio de sus acciones no cae hasta el Averno financiero. Y si cae…ya nos rescatarán otra vez. “No problemo, baby”
También debemos aplaudir que nos suban los impuestos, paguemos por las recetas, la calidad de la educación sea peor y los derechos de los trabajadores van desapareciendo en aras - signifique lo que signifique “aras” - de un futuro mejor que nunca llega, y un pasado que hubiera podido ser peor en caso de no haber tomado esas medidas. Ambas cosas, pasado y futuro mejores, indemostrables como pueden ustedes suponer y, por ello, debemos hacer un acto de fe porque como pensemos un poquito en todo esto tan divertido van listos nuestros gobernantes.
¿Por qué no se toman medidas similares a las que se toman en Estados Unidos si allí están funcionando? Pues por cabezonería y para evitar quedar en evidencia delante de unos ciudadanos que dentro de cuatro años votan y pueden pensar que rectificar es para los débiles.
Existe una actitud muy extendida en Europa consistente en tener un economista de cabecera con sus locas teoría debajo de la almohada. Los partidos recurren a ambos pero no funcionan. ¿Creen que eso importa cuando ven los datos de la realidad? No, no importa en absoluto y les remito otra vez a lo dicho en párrafo anterior: lo del pasado y el futuro y eso de que cada cuatro años votamos.
Pero lo bien cierto es que la única teoría económica la impone Alemania a la que le importa un carajo la economía y los parados españoles, portugueses o griegos: La Austeridad. A la dama teutona únicamente le importa que se vendan sus coches y sus máquinas y, ahora que ven que cada vez se venden menos porque cada vez menos gente y empresas pueden comprarlas, abre un poquito la mano. ¿Han visto como la lógica hace magia a veces? Los españoles no pueden comprar, tú no puedes vender. Pero claro, los bancos alemanes deben cobrar lo prestado al estado y comunidades para hacer bonitos e inútiles edificios y para eso los manirrotos españoles deben dejar de gastar tanto: Austeridad otra vez. Y otra vez un círculo vicioso.
Pero la lógica no está bien vista en este artificialmente complejo mundo de la economía donde sólo debería reinar una regla: gasta lo que tengas.
Y tras este bonito panorama: ¿Hay luz al final del túnel? Si algo enseña la historia es que saldremos de la crisis pero, algo que no enseña la historia, es saber en qué estado saldremos de este largo túnel. Todo parece indicar que al final del túnel no hace tanto sol como lo hacía al entrar. Que estamos jodidos para aquellos que no entiendan las metáforas o no hagan uso del arte de la ironía.
Ahora Q seguía sin saber porque el desayuno le parecía caro de repente pero si sabía que los días van a ser cada vez más largos. Y, a diferencia de nuestros queridos políticos, espero equivocarme de todo corazón y tener que comerme estas palabras con patatas o puchero si es posible.

Twitter: @diego_llergo

miércoles, 13 de marzo de 2013

El Precio de las Perogrulladas

Sí, voy a hacer una crítica constructiva a una persona, aunque jamás he oído decir a un criticado esta fuese constructiva, siempre dicen que somos demagogos y populistas.
Vamos a ver Señora Penalba – Consejera Delegada de Empleo del Ayuntamiento de Gandia -, alma cándida…Tras el aumento del paro en la ciudad ¿usted cree que puede decir que los resultados son los esperados? Si, debe creerlo porque es lo que usted ha dicho.
Antes de llamarla incompetente, -no es un insulto, es la realidad – y de pedir su dimisión por la pérdida de dinero y tiempo que su gestión representa para los ciudadanos – otra realidad –quiero ponerle dos ejemplos de la vida real, la que hay fuera de la política, y que ayudarán a que usted misma entienda el festival del humor en que convierte cada una de sus intervenciones en rueda de prensa.
Imagine, seguro que es capaz de hacerlo, que el que esto escribe va a su jefe y le dice:
-          Jefe del alma mía – no es que le tenga especial cariño, pero le gusta sentirse querido por sus empleados y sus perros, que en algunos casos son los mismos – Las pérdidas de este mes están dentro de lo esperado.

El sonreirá y, con razón, me dirá:
-          Empleado del alma mía –sabe que yo también tengo mi corazoncito – no te pago para que los resultados sean los esperados. Para eso solo tengo que esperar que pase el tiempo y ver como fluyen las cosas sin intervención de nadie. Te pago para que los mejores. Y, por cierto, hablando de resultados esperados…Ya sabes el futuro que te espera dada tu incompetencia, ¿verdad? A la calle!!!!

No se sorprenderá nadie de la razonable actitud de mi jefe, ¿verdad? Pues tampoco debería usted sorprenderse de la reacción de la gente cuando usted dice que “los resultados del desempleo en Gandia son los esperados”. Podríamos ahorrarnos un sueldo por muy impagables que sean sus perogrulladas y dejar que el mercado de trabajo siga su curso. Que es lo que habitualmente hace.
Otra situación.
-          Jefe, estoy supercontento, las cosas van superbien porque llevamos varios meses despidiendo a cada vez menos gente.

-          Diego del alma mía. ¿Tú eres tonto o qué? Despedimos a menos gente porque hay cada vez menos gente que podamos despedir.

¿Entiende la analogía señora Penalba? Si el paro sigue subiendo, pero lo hace en menor medida, no es porque las cosas se hagan bien, es porque cada vez hay menos gente susceptible de ser despedida y esto está fuera de su control.
Para que le quede claro a la señora Penalba: si los resultados son los que esperaba, y el paro sigue subiendo en menor medida porque cada vez ha menos gente trabajando. ¿Compensa seguir pagando su sueldo? Yo respondo: No, porque usted no lo amortiza con aportaciones a la ciudadanía, y oírla hablar para decir majaderías podemos hacerlo de igual forma si usted ejerciera de tertuliana: más risas y más barato.

Twitter: @diego_llergo