¿Se acuerdan de nuestros despectivos comentarios sobre los turistas en general y los madrileños en particular? Sí, eso de las tres pes: Playa, paseo y pipas. Pues bien, cada vez hay menos playa, menos pipas y menos paseos.
No pretendo utilizar estas líneas para decirle a nadie como tiene que hacer una campaña turística en condiciones dirigida a aquellos que antaño paseaban comiendo pipas o tomaban el sol pelando tan adictivo y humilde producto vuelvan en la cantidad y calidad que antes recalaban en nuestras doradas arenas. En Madrid ya nos conocen y hacer publicidad donde te conocen es tirar el dinero.
Y no será por falta de ganas– ya saben que todos opinamos y somos los que más sabemos siempre de todo aunque sea la primera vez que oímos hablar de ello. Ejemplo: sobre la ciclogénesis explosiva –, no lo voy a hacer porque, desde mi modesto y, por supuesto, certero punto de vista, es causa perdida. No van a volver. Admitámoslo y pasemos a buscar otro modelo turístico.
Pero tampoco vayamos a caer en la tentación de pensar que en Madrid alguna vez se ha visto Gandía como un conjunto de maravillosas playas, magnífica gente, gloriosa gastronomía, oferta cultura variada, naturaleza a tiro de piedra y fiestas de interés nacional. No, jamás se nos ha visto de esta forma.
Gandía ha sido siempre un lugar de veraneo y lo que a la gente le importaba era que, al llegar agosto, tuvieran un lugar donde tender su toalla, clavar su sombrilla y abrir su tupper de lomo con tomate de la forma más tranquila posible para que sus hijos pudieran comer y esperar dos horas de digestión antes de poder bañarse.
Eso lo veía yo cuando mis reales posaderas habitaban en Gandía, no hacía falta ser un fino observador para darse cuenta de que jamás hubo aglomeraciones para visitar el Palacio Ducal, ni la fideuà venía con la coletilla “de Gandía”, que en verano las tiendas de la ciudad – Gandía pueblo en su especial forma de llamar las cosas – no estaban atestadas de turistas, o que dar un paseo por la marjal, por el Castillo de Bayren o por la antigua vía del tren Gandía-Alcoy no implicaba tener que dar dando codazos para apartar a la gente. Todo el mundo estaba en la playa.
En cuanto a la participación en las fiestas, tan renombradas ellas como las Fallas o la Semana Santa, pues no nos engañemos: si había puente en San José se veía algún turista que otro pero como los caprichos del calendario no lo quisieran así, éramos los habitantes de la Ciudad Ducal los que llenábamos las calles.
En Semana Santa es cierto que turistas que llevan mucho tiempo siendo jóvenes – personas con más de 60 años para quien no capte la ironía general del artículo – se acercan en masa a las procesiones pero, también es cierto que personas con números menores de 5 en las decenas acuden en masa a otros lugares donde te cobrar 6 euros por un cubata dejando la afluencia a las procesiones para otros con mayor disposición de espíritu.
Pues bien, si era eso lo que pensábamos, tras mi migración a Madrid por motivos de trabajo, o por falta del mismo, el mito no solo se cae si no que se desploma de forma contundente. Ni les interesa, ni ha interesado nunca, la cultura, la naturaleza, las gastronomía o cualquier otra cosa que pudiéramos creer. Su único interés es alejarse un mes de Madrid, o quince días, o una semana como es moda necesaria últimamente.
¿Les sorprende? A mi sí que me sorprendía pero puestos en su piel, o en la nuestra cuando nos desplazamos con el propósito de pasar unos días en Punta Cana o Cancún: ¿ A cuántos les interesa la cultura o gastronomía de la zona? Bien, puedo conceder que la primera vez irán a ver las Pirámides Mayas o cualquier otro vestigio hispano en la zona. Pero en el hipotético caso de que volviera: ¿Volvería a visitarlas o se tumbarían al sol con una pulsera de todo incluido en la muñeca y, ya podría arder el mundo, que hasta que no se acaben las vacaciones ustedes no van a mover un dedo a no ser que sea para pedir otro delicioso combinado caribeño?
Y otra pregunta aún más comprometida: ¿Cuántos de ustedes han visitado el Palacio Ducal o el museo arqueológico, también llamado MAGA?
Y ahora, ¿Cómo nos ven ahora? Los niños de las familias que iban hacen unos años han crecido y por Gandía se acerca lo justo, aunque ahora algo más porque es más económico encerrarse en el apartamento de los papis que pagar uno en Huelva, Málaga o Cádiz.
Gandía es visto ahora como un lugar de fiesta donde saciar los deseos más alcohólicos a precios razonables y con una permisividad más que patente. Discotecas y pubs que cierran cuando les viene en gana, precios de alquiler de apartamentos para fin de semana a precios asequibles que sirven de habitáculo y vomitorio o, pernocta en hoteles que cada vez hacen ofertas más agresivas son el reclamo que hacen que muchos fines de semana las despedidas de soltero o las escapadas para beber, sean la botella nuestra de cada día.
Y, aún así, Gandía como destino está perdiendo fuerza en aras – no tengo ni idea de lo que significa aras pero lo he visto escrito en artículos de gente que sabe escribir y ellos sí sabrán lo que dicen – de otros destinos como Benidorm, Benidorm o Benidorm.
Me junto con gente de Madrid para diversas actividades – me he sentido muy bien acogido aquí y soy un ser sociable que se relaciona con otros seres de la misma especie – y cada vez que sale en la conversación Gandía, invariablemente le asocian otra palabra: “Shore”. Ya saben el programa ese en que jóvenes cultos e intelectuales tienen que aplacar sus picores restregándose con otro jóvenes cultos e intelectuales y, antes o después, tener interesantes charlas filosóficas en torno a la barra de una discoteca apoyando sus argumentos en litros y litros de ron, cola, tabaco y algunas otras sustancias que no aparecen en la pantalla pero que, a tenor de los argumentos esgrimidos por estos intelectuales, no cabe duda que habrán ingerido.
Pues bien, la gente con la que me relaciono, me preguntar si ese desfase – desfase es la palabra que se usa ahora – es habitual. Les digo que no, que incluso hay gente que trabaja y tiene aspiraciones vitales de más alto calado pero, claro está, el producto está vendido y mientras mis amigos quieren ir a otros lugares turísticos con algo más que ofrecer, la juventud de aquí quiere ir allí donde, según lo visto en televisión, las probabilidades de establecer relaciones venéreas de aquí-te-pillo-aquí-te-mato son mayores y luego no tener que pasar por el angustioso trance de compartir desayuno a la mañana siguiente.
En los tres años que llevo aquí sólo una persona he conocido que se haya sentido interesada por los Borgia y su Palacio, por la Colegiata y….poco más. Lo cual es un triste bagaje para aquellos que, viviendo como hemos vivido en Gandía, pensábamos que éramos el centro del mundo.
Aún así sigo promocionando en la medida de lo posible la ciudad pero, reconozcámoslo, pocos argumentos nuevos me dan y los viejos los hay en otros lugares más exóticos y a precios más asequibles.
Twitter: @diego_llergo
Perfecto. Creo que se puede decir más alto pero no más claro. Tu fijate que solo poniendo en el buscador "ga" de las primeras cosas que te salen, lamentablemente es "Gandia Shore". Entonces pienso ¿como pretenden promocionar Gandia si lo primero qu e te sale cuando te pones a buscar es Gandia Shore? Un abrazo Diego, desde.....la ¿ciudad Ducal?
ResponderEliminarEl otro día hice yo esa misma prueba y, lo peor, delante de gente.
ResponderEliminarNadie se plantea como lavar la imagen? no por los de Gandia Shore si no por la imagen que tenia antes: una mezcla de rancio y locura. Y, para este caso, que no es Ibiza, el término medio parece donde el turista se debería sentir más cómodo y nuestros bolsillos también.
Un saludo
Y... OLÉ, Te has olvidado de esa fiesta tan arraigada en nuestra ciudad, los toros, y claro las tonadilleras. Si el maestro Berlanga levantara la cabeza y viese lo que ocurre al sur de su cementerio, se volvía a enterrar.
ResponderEliminarY fiestas mejores que están por llegar. La Oktoberfest en marzo y, no lo dudes, el Dia de Acción de Gracias para conmemorar cuando Torró ganó las elecciones.
ResponderEliminarEste último lo hubiera hecho Orengo también, pero quizá lo pensara tarde, jejeje
Añado: ¿te digo cómo ven los madrileños que tienen apartamento propio en la playa de Gandía a la ciudadmy sobre todo, a su ayuntamiento? Que el dinero que se paga en impuestos en la playa se invierte en la ciudad, y como mucho, en la primera línea de playa. las aceras, de hace treinta años, sin papeleras, y ya el remate, la tolerancia con los borrachuzos de las cuatro de la mañana. Un saludo
ResponderEliminarChapó, muy bien explicado, la gente va a Gandía por el turismo de sol y playa, para ver monumentos ya tienen a Valencia, Sagunto, Játiva...
ResponderEliminarDisculpa Pedro no había visto tu comentario: y otro error es invertir en acciones u obras que no afectan a la ciudad, solo a la playa y durante 3 meses. Es invertir en vacío, pues no aporta nada.
ResponderEliminarGracias por tu comentario
Anonimo: Está claro que a todos nos gusta sentirnos en centro del mundo y tener la mejor tierra. Pero hay que ser realista, saber lo que ofrecemos y hacer de ello un punto fuerte. No engañarnos a nosotros mismos.
ResponderEliminarGracias por tu comentario.